Cuando pierdes algo (o crees haber perdido algo) inmediatamente piensas que hubiera sido mejor nunca haber aceptado ese reto, compromiso, amor, etc. Pero lo cierto es que sólo decimos eso porque no somos capaces de aceptar que estamos muertos de miedo, de incertidumbre ante lo que vendrá. O, en el peor de los casos, no queremos reconocer que fuimos tan felices con esa persona, o con esa responsabilidad que teníamos sobre nuestros hombros, que no nos imaginamos la vida sin eso que nos llenaba la existencia.
Entonces, comenzamos a caminar por la vida dando tumbos, tropezando, porque pareciera que nuestras fuerzas se han debilitado. No logramos visualizar un futuro mejor, por el momento todo se ve negro, y no importa lo que nos digan, no somos capaces de levantar la mirada y ver más alla.
Cuando ya logramos superar ese quiebre, esa ausencia, nos sentimos livianos, e incluso libres, somos capaces de cualquier cosa, porque ya tocamos fondo, y sabemos que no podemos caer más bajo. Y entonces surge, en el horizonte, la alternativa, una nueva oportunidad de hacer algo importante con nuestras vidas, dar lo mejor de nosotros por una buena causa... o darle lo mejor de nosotros a alguien que nos quiere.
Pero cuando estamos a punto de comprometernos nuevamente con algo o alguien... surge el fantasma de nuestra decepcion anterior. Y nos quedamos paralizados ante el temor de desilusionarnos otra vez. ¿Qué camino debemos tomar?
Pienso que pase lo que pase hay que jugarsela, porque siempre podemos aprender algo valioso y ganar algo que nos hara más fuertes, mas vivos, más humanos.
agosto 31, 2008
Comprometerse
Publicado por Dana en 1:22 0 comentarios
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
