agosto 19, 2008

La duda

Me carga cuando me dejan con la duda. Lo se, soy curiosa por naturaleza, y muchas veces logro controlar mi curiosidad, pero esta no es la ocasión. Entonces me pregunto ¿qué onda? ¿de qué me perdí? Creo que no puedo aceptar que confie en otras personas y no en mi.

Probablemente esto se deba a algún grado de inmadurez, o quien sabe qué. Lo cierto es que no me gusta que me dejen con la duda.

Y es entonces, cuando tengo una duda, cuando empiezo a pasarme rollos:
¿qué quiso decir?
¿qué será lo que no me quiere decir?
¿y por qué no me querrá decir?
a lo mejor cree que si me dice me voy a enojar
y por qué me tendría que enojar?

Y va creciendo el sentimiento de que las cosas pueden llegar a ser peor de lo que pienso e imagino, o bien que hay un problema al que hay que tratar de ponerle atajo. Y finalmente el asunto resulta ser un pelo de la cola... y todo lo que pensé se va al tacho de la basura.

Pero hay casos lamentables en que no me equivoco... por más que quisiera que no fuera así, a veces las cosas resultan como no quisiera que fueran.

Hum!, tantas cosas me dan vueltas en la cabeza...